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Asturias, el país de la sidra

Martes, 23 de abril.
Si hay una bebida que distinga a Asturias es, sin duda, la sidra. En el Principado, la cultura de la sidra tiene miles de devotos y, desde luego, no se trata solo de “beber sidra”, sino de compartir todo lo que está alrededor de este producto de la fermentación de la manzana: buen ambiente, buena gastronomía, la mejor compañía…

En las últimas semanas, la sidra ha sido protagonista en Asturias por la preparación de la candidatura a ser Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, como por ejemplo ya es la Dieta Mediterránea. El Principado de Asturias, a través de la consejería de Agroganadería, trabaja ya en la preparación de una candidatura que, a criterio de la UNESCO, debe reconocer aquellas expresiones culturales o sociales que sean crisol de la diversidad cultural y la conservación de la misma.

En ese sentido, desde luego, apoyo por completo esta cultura y la presentación de la candidatura, que serviría para seguir reforzando la posición de Asturias como destino gastronómico y cultural. Muy cerca de Cangas de Onís, entre Nava, Villaviciosa y Gijón están los principales llagares de Asturias, es decir, el lugar en el que se “pisa” la manzana para después elaborar este preciado producto. Hay tantas sidras como llagares, pero está claro que, en los últimos años, se ha trabajado mucho para unificar el producto y que todas ellas tengan una calidad máxima.

No podemos olvidar, además, propuestas como las de Sidra Trabanco y su Poma Aurea. Nos encontramos ante una Sidra Brut Nature con gas endógeno procedente de su fermentación, de color amarillo dorado brillante con abundante y persistente burbuja de tamaño fino y desprendimiento homogéneo y continuo. Con aromas que nos recuerdan a flor de pomar y manzanilla silvestre, finalizando en higos y pasas. En boca discurre con suavidad, dejando un recuerdo armonioso y bastante seco con notas a madera.

Como se puede apreciar, se trata de una nota de cata más propia de un vino que de una sidra pero, en todo caso, todavía queda camino por recorrer para que la sidra tenga el lugar que merece en la gastronomía regional y que pueda dar el salto internacional que tanto necesitamos ahora mismo.

Lo que está claro, queridos amigos, es que en cada botella de sidra que abráis en una sidrería o, por qué no, en vuestra propia casa, hay miles de años de tradición y un saber hacer que se ha ido pasando a través de las generaciones. Y eso, desde luego, no tiene precio.

José Manuel Martínez, “Salas”
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